sábado, 2 de abril de 2011

Lasciate ogni speranza

(a)topos 1

Ayer me di cuenta de la profundidad de una parada de metro en un lugar de Barcelona de cuyo nombre no puedo acordarme. Resulta que los círculos del infierno de Dante han sido (post)modernizados y traídos a la ciudad de los alemanes-gamba: las escaleras mecánicas y su decadencia, los guitarristas improvisados y su poca convicción, los cuerpos arrastrados y sus expectativas, las bolsas de la compra y la música sonando a todo volumen en cada una de las orejas de cada una de las burbujas descendiendo inexorablemente al último círculo.


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(a)topos 2

En la biblioteca metafísica de este barrio se dan cita mujeres y hombres con gafas gigantes que destrozan los clásicos de Suetonio y Molière, Heródoto y Arendt mediante el uso de sus poderosos y minúsculos ordenadores sabor manzana; También se dan cita los que no saben leer y buscan un lugar de refugio físico. No saben leer, no saben cuánto cuesta un ordenador sabor ácido y no tienen un techo. Las letras no les interesan demasiado. De hecho, en la biblioteca metafísica nadie mira a los libros si no es para instrumentalizarlos: los cocinan a fuego rápido buscando un premio de consolación, los despedazan puntualmente para pellizcar la sintaxis a su gusto o los usan como reposabrazos o arrascaespaldas. Esto es una biblioteca de lo más metafísico, tanto, que los libros son solo esencias y alguien nos está vacilando (MUCHO)

1 comentario:

Índigo dijo...

Y, a pesar de todo ello, en la ciudad sin nombre no todos quieren dejar la esperanza, porque aún sienten el vértigo que una sola y minúscula letra les provoca en el hueco arrugado y viejo de sus espaldas. Y se metaformosean. Son orugas con hojas sepia. Un abrazo de sepia esperanzado.

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