viernes, 22 de abril de 2011

Espirales reducidas a anécdota

C. Monet, Gare Saint-Lazare, 1877

Yo he bajado en esta estación esta noche por primera vez en mi vida y ya me parece haber pasado en ella toda una vida, entrando y saliendo de este bar, pasando del olor de la marquesina al olor a serrín mojado de los retretes, todo mezclado en un único olor que es el de la espera, el olor de las cabinas telefónicas cuando sólo cabe recuperar las fichas porque el número llamado no da señales de vida. Yo soy el hombre que va y viene entre el bar y la cabina telefónica. O sea: ese hombre se llama "yo" y no sabes más de él, al igual que esta estación se llama solamente "estación" y al margen de ella no existe sino la señal sin respuesta de un teléfono que suena en una habitación oscura de una ciudad lejana.

[Italo Calvino- Si una noche de invierno un viajero]




3 comentarios:

Índigo dijo...

Entre los círculos de las espirales encontraste una anécdota que no se reduce a una simple anécdota... primero, porque tú la traes aquí y, segundo, porque la traes de la mano de Italo Calvino. Me gustan las palabras con las que se viste la anécdota y esa atmósfera de estación de tren con la que nos dejas.

Anónimo dijo...

Telefonos descolgados...
Saludos,
J.

Stalker dijo...

penetrante visión-descripción de Calvino: el olor de la espera y el "yo", significativamente entrecomillado porque tal vez no existe o irrumpe como figura espectral transitoria en el devenir de las construcciones mentales,

don-de el "yo" que se decanta en la espera y traza la figura de la espiral o la promesa...

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