martes, 4 de enero de 2011

La letra perdida ( o la mise en abyme)

Siempre hablaba en una lengua extranjera, como cuando trataba de materializar un discurso tan coherente en su mente, tan incongruente ante la mirada del otro. Llegó a un nuevo país a los 5 años, y los niños de su clase le hablaban en una lengua no indoeuropea, dando por hecho que lo entendería todo. La familia la llevaba los sábados a mirar cómo era aquella cosa inefable en la que los francos reinaban y la cultura era excelsa, y los niños del parque trataban de comunicarse con ella con esa fonética tan suave pero ininteligible.

Pasaron los años y en su nuevo hogar le hablaban dialectos de un idioma que tampoco era el suyo, similar, sí, pero no el suyo. Su conciencia hablaba un idioma extraño y nunca se había tomado la molestia de enseñárselo al resto del cerebro. Su cuerpo callaba a menudo, cuando los ojos hubieran saltado en una batalla campal de sustantivos en un idioma que juntara todos en los que algún día ella trató de hacerse entender. Se traducía a cada paso para poder comunicarse con el otro, creyendo que algún día alguien dejaría de parafrasear. Un día amaneció y se dio cuenta de que un mar de intertextos recogidos en diccionarios enciclopédicos y enciclopedias taxonómicas la habían engullido y sus únicas construcciones eran frases repetidas, aforismos, citas y estupideces similares.

2 comentarios:

Índigo dijo...

J'aime les mises en abyme. J'aime perdre des lettres et j'aime les labyrinthes des mots dans des langues que je ne connais pas, ou presque pas... Je t'embrasse dès mon abyme à moi.

tournesols dijo...

Gracias por tus palabras.

Me gusta el azul que se respira aquí :)

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