miércoles, 27 de mayo de 2009

No me gusta este sitio, me dijo, está lleno de despedidas y frustraciones.

Nunca se me ha dado bien eso de despedirme. A veces me encontraba rota por dentro, y sin embargo, no podía más que quedarme pasmada, inmutada, con una media sonrisa, delante de la persona a la que tardaría en ver. Otras veces, en una despedida liviana, de esas de nos vemos en apenas un mes, no he sido capaz de encararlo sin que gotas de lluvia poblaran mis mejillas.

Y de tantos brindis se me ha ido partiendo el corazón en bastantes pedazos. Me he dado cuenta de que aquello que alguien dijo alguna vez es verdad. La vida es una despedida constante. La vida es como una estación de autobus, como Barcelona Nord, por ejemplo. Se cruzan llegadas llenas de abrazos, despedidas secas, llorosas. Se mezclan vagabundos sin lugar con personas que tienen el destino marcado en la piel.

Me gustaría vivir en el presente, sin imaginarme mi corazón repartido por Alemania, Francia, Sicilia, y por supuesto, Donosti y Bilbo. Pero estoy en una estación de autobus, y todos han tomado un destino. Ahora me toca a mi comprar mi billete.


Y lo único que se me ocurre es brindar por vosotros.

1 comentario:

Amaia García González dijo...

me gusta ver Bilbo en cursiva!

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