
je t'explique
domingo, 13 de marzo de 2011
Crepúsculos

lunes, 28 de febrero de 2011
Lavanda.

(o plazas en paraguas, no veo bien)
domingo, 13 de febrero de 2011
Los perros románticos
domingo, 6 de febrero de 2011
per un tros del teu cos o da-sein
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda
en el fondo, el olvido es un gran simulacro
los precipicios
pueden hallarse lejos
o en uno mismo
Mario Benedetti. "Como los puentes levadizos" En Arte Poética (1965-1966)
jueves, 3 de febrero de 2011
martes, 1 de febrero de 2011
Lucía
viernes, 21 de enero de 2011
estúpido poema ocioso a la nada
Leibniz ya le anduvo dando vueltas
Y Heidegger lo gritó
¿Por qué el ser y no la nada?
Por qué historias de presencia
Metafísica de la presencia
Sueños de la presencia
Cuando la nada
Nos atraviesa
Nos define
Nos atrae y abandona
Cuando las ausencias
Nos marcan
Nos lacran
Creamos para que no haya nada
Creamos en una oda a la presencia
Creamos para testificar que no hay vacío
Pero vacío no se va:
Vacío se queda para instalarse
Vacío en las respuestas inefables
Vacío en las vigilias
Vacío en el desasosiego de lo que pudo ser
Vacío en las posibilidades y el en-vano que nos recorre
Vacío en mi
Vacío en un cuerpo que pretende no ser vacío
Cuando hoy por hoy
Todo cuerpo no es más que una premisa
(una premisa que nada en la Nada,
que probablemente no sea arracada al vacío)
lunes, 17 de enero de 2011
El deseo de la palabra
martes, 4 de enero de 2011
La letra perdida ( o la mise en abyme)
Siempre hablaba en una lengua extranjera, como cuando trataba de materializar un discurso tan coherente en su mente, tan incongruente ante la mirada del otro. Llegó a un nuevo país a los 5 años, y los niños de su clase le hablaban en una lengua no indoeuropea, dando por hecho que lo entendería todo. La familia la llevaba los sábados a mirar cómo era aquella cosa inefable en la que los francos reinaban y la cultura era excelsa, y los niños del parque trataban de comunicarse con ella con esa fonética tan suave pero ininteligible.
Pasaron los años y en su nuevo hogar le hablaban dialectos de un idioma que tampoco era el suyo, similar, sí, pero no el suyo. Su conciencia hablaba un idioma extraño y nunca se había tomado la molestia de enseñárselo al resto del cerebro. Su cuerpo callaba a menudo, cuando los ojos hubieran saltado en una batalla campal de sustantivos en un idioma que juntara todos en los que algún día ella trató de hacerse entender. Se traducía a cada paso para poder comunicarse con el otro, creyendo que algún día alguien dejaría de parafrasear. Un día amaneció y se dio cuenta de que un mar de intertextos recogidos en diccionarios enciclopédicos y enciclopedias taxonómicas la habían engullido y sus únicas construcciones eran frases repetidas, aforismos, citas y estupideces similares.