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lunes, 7 de noviembre de 2011

compota de manzana

Ternura rencorosa-una sensación tan extremadamente contradictoria que debe ser la verdad misma. J. Cortazar.


Recuerdo que aquel año dejé que aquella estancia me atrapara. Dejé que ellas me atraparan. Nos habíamos enamorado estéticamente, fracasado pragmáticamente. Podía cerrar los ojos y dibujar con la precisión de un aparejador la disposición de aquel apartamento. Podía (y debía ) asustarme al reconocerme en él como salida de mí, como viendome y viéndolas (con su maravilloso dialecto) fuera de nosotras, como volcadas y superpuestas en una imágen petrificada de nuestras breves personas.

Recuerdo cuando me auto confesé mi sentimiento de pertenencia;

cuando me extrañé de mi sentimiento de pertenencia;
cuando les comenté mi sentimiento de pertenencia,
cuando disfruté de mi sentimiento de pertenencia.

Me dejé llevar por la letanía de las mujeres isleñas que hacían compota y se maravillaban de lo cotidiano; y sobre todo, me enamoré de mi sitio silencioso para las lágrimas (el escalón del lavabo, frente a una toalla gris a juego con el fondo gris en las mañanas grises)

domingo, 4 de septiembre de 2011

enfermarse de realidad (o subordinadas interminables)

H.Matisse Notre-Dame (1902)



No sé cómo explicarlo, es como que , en cuanto las digo, las palabras brotan y se escapan: son tendenciosas e inexorables (como este verano que quema sin dorar ) (como el bosquejo del futuro torrente) (como un sueño dentro de otro sueño)

No sé cómo / es la atracción de los polos opuestos (o más aún: la disolución de lo opuesto, de los polos, del ártico, de la atracción)

No sé: es como el continente y el contenido de la belleza, de los remolinos de bolsas de basura, de las paredes blancas por escalar, de las mesas puestas y los lunes al sol.

Una especie de vacío, de experimentación de la nada que vuelve a lo absoluto
Todo en general y nada en concreto (cómo decía la mujer de los bucles sublimes) esto es lo que quiero explicar.

domingo, 31 de julio de 2011

El mundo solo tiene sentido como fenómeno estético




(F.Nietzsche)

Vivimos en un constante transición entre dos placeres estéticos, una sinfonía entre la belleza del acontecimiento, atemporal, abierto e infinito y la triste belleza de aquello qu
e releemos como absoluto una vez que no es acontecimiento. Una constante escisión entre dos bellezas, igual de inalcanzables y desdichadas: El ahora radical y el ayer muerto. Y en medio (como siempre) la piel




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martes, 21 de junio de 2011

entre ráfagas

En la letanía de una tarde lluviosa, en una plaza de Barcelona, ella apareció;

Se descorrieron las cortinas del telón,

era el primer día del mundo,
todo volvía, de golpe, a "existir" (como si la piedra nunca hubiera estado ahí)

Otro soliloquio que camina.

Tanta poesía junta, inconexa, convexa, en ráfagas; tanta poesía que abandona sin ningún miramiento. Tanta poesía cosida y recosida de belleza y sin corazón.




[Nos engañan los relojes diciendo que todas las horas pasan a la misma velocidad. Que toda velocidad es la misma y que todo sucede en un orden líneal y al mismo ritmo. Tic-Tac. Tic-Tac. Hay horas que regalaríamos al tiempo, siglos que se resumen en segundos y minutos para desear décadas. Nos engañan vilmente todos los relojes]

domingo, 12 de junio de 2011

Nocturnas


(Fotografía: Marina Abramovic
Performance Ritmo 0 )

Siempre habrá incertidumbre pero siempre volveremos a.


Volver, como una vuelve siempre, a lo mismo, a las mismas particularidades, a los mismos problemas. Volver con más risa o con más llanto, con más conocimiento de causa o inquietudes sobre la verdadera existencia de causas. Leer y releer Cortazar mirando la calle, pensar y repensar Modernidad o Hermenéutica con más tecnicismos aprendidos. Soñar y resoñar paisajes que nunca existieron pero que cada vez se perfilan más en las sombras. Limpiar y relimpiar las copas, los ceniceros, las amistades, la palabra. El lenguaje es la morada del ser; el ser es la lucha de mi mísma contra mi propia desidia y olvido; los transeuntes son materia supralunar y este cigarro no es más que una asociación de tiempo y
el quemar
contra
el tiempo.



lunes, 20 de diciembre de 2010

tenían veinte años y estaban locos

Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, teneis que embrí­agaros sin tregua.
Pero ¿De que?. De vino, de poesí­a o de virtud, de lo que queraí­s. Pero embriagaos.
Baudelaire

Y las manos temblorosas y el patio de manzana quemando y las mangueras y las mesas de barbacoa y los niños rubios jugando al ping-pong. Y la cerveza tras la comida y las primeras narraciones y el arrancar palabras al silencio y y las parejas de padres-punk que nos ofrecían conversación en un alemán ininteligible y los intentos por derribar las barreras y las noches sin dormir y el calor estival y el amanecer a las 4 de la mañana y las semillas del mañana políglota

Y la locura que se roza en la levedad estival frente al hastío de la madrugada que sangra tinta en un invierno cercano…

domingo, 12 de septiembre de 2010

TEDIO

El pueblo se llamaba X. Era un pueblo corriente, con sus pequeñas casitas, su iglesia y su pequeño ambulatorio. La generación X había cumplido 19 años por aquella época. Este pueblo corriente estaba habitado por gente corriente, de esa que aparece en el censo pero nunca escribe en el diario ni da su opinión en la televisión. Esas personas que nacen, viven, mueren, y todo esto en el mismo término municipal. Mi generación vivía gracias a los subsidios venidos de la bendita Europa, estudiaban en la capital de la provincia o trabajaba a tiempo parcial en cualquier obra. Noche tras noche se reunían en el mismo lugar para hablar de los mismos asuntos y jugar al futbolín. Todos eran morenos, altos algunos, bajitos otros. Todos hablaban aunque no dijeran nada. Ellas eran pequeñas Anas, vestidas a la moda de las tiendas de la capital de provincia, fumaban Lucky Strike y estaban enganchadas a las redes sociales. Ellos eran pequeños Joses, ataviados según los gustos de sus madres y con un vicio clave: el fútbol y sus derivados (léase peñas deportivas, el futbolín que acompaña a la Mahou y juegos electrónicos varios). A los 19 Ana II llevaba seis años de noviazgo con Jose I. Ana III había tenido un hijo. Ana I había salido con Jose III, después se había liado con Jose IV y ahora estaba enamorada de Jose II. Jose VIII había marchado a Madrid. Desde entonces ya no era el mismo, decían unos. Que era gay, decían los otros.
Ellos no hablaban idiomas extranjeros sino un dialecto del castellano. No profesaban religiones, sino que se movían por intereses mundanos. No anhelaban metas profesionales, sino una casita con piscina y unas vacaciones en alguna playa. Ay, la playa. Era su punto débil, su vía de escape para todo el año de rutina. 15 días en Matalascañas y la vida recobraba sentido.

No conocían la palabra “tedio”. Nunca la habían escuchado, sin embargo, la sentían en sus huesos casi a diario. El tedio se les acercaba y les susurraba algo por la noche, antes de ir a dormir o se les aparecía durante las sobremesas cuando nadie tenía nada más que contar. Ellos llamaban a eso aburrimiento, puro y duro, superficial y efímero. Pero no.

Un día Ana X se encontró la palabra maldita en un texto que analizaba para su curso. La buscó en el diccionario y, una vez leyó la definición se sintió tan identificada que el corazón se le heló por un momento. Era incapaz de creer que alguien pudiera definir con tal exactitud este sentimiento difuso y difundido que había sentido durante tanto tiempo.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Barcelona-Berlin-Donosti

Ni la distancia hace el olvido ni los años cierran todas las heridas; existen tantas mentiras en nuestro querido sentido común como gotas en el mar o personas en el metro. La vida se sucede y los hogares se multiplican; las verdades se mantienen erguidas en sus tronos intocables y yo confío, como siempre, en las infinitas posibilidades del ser, en la belleza de lo posible. Los años pasan y dicen que crecemos, cambiamos, sin embargo, sigo sin creer en la relación causa-efecto o en la progresión líneal (y ascendente) de mi personalidad. Por tanto, no tengo más que decir que gracias a todos lo que cantaron bajo la lluvia conmigo, vinieron a recogerme a tantas estaciones de autobus perdidas o no dudaron en invitarme al café milagroso cuando el gris se dibujaba en mis pupilas. Gracias, muchas gracias a todos los que no os quedasteis inmóviles al borde del camino.

Vueltas del S-Bahn

Alemán. 21 años. Vivia en el sentido más fuerte de la palabra; reía con ganas, dormía con sueño y no dejaba de soñar, pintar y tocar música; todo le resultaba nuevo, interesante. No existian los horarios ni las visitas de cortesía, ni existian los bienes materiales para él. Compartió ciertos metros cuadrados y mil historias conmigo.

*
Estudiante de alemán I, 28 años. Buscaba algo en esta ciudad; aún no sé si una respuesta o una vía de escape. Se preguntaba muchas veces al día si, tras tantos años, tras tanta formación y tanta introspección se era fiel a sí mismo, si no estaba renunciando demasiado a su parte dionisiaca; conocía todas las verdades que la filosofia nos ha venido otorgando, y como tantos, se sentia incapaz de ponerlas en practica.

*
Estudiante de alemán II, 29 años. Tras mil vueltas y un par de salidas forzosas, esperaba de esta ciudad un salvoconducto hacia la vida que se había propuesto construir. Me agarraba de la mano, tomabamos el U-Bahn hacia cualquier lugar y sonreía mientras él rastreaba la ciudad pidiendo datos, anotando canciones y fotografiando cualquier elemento postmoderno.

*
Estudiante de alemán III, 19 años. La cerveza, la música electrónica y la buena compañía la hicieron enamorarse perdidamente de la ciudad y sus habitantes

lunes, 28 de junio de 2010

Ahora

para Claire C.



Ahora que nada es urgente, que los libros son placer. Ahora que son las 5 de la mañana, que río en lugares desconocidos y parece que he empezado a echar raíces. Ahora que se acaba el curso, se piden balances, se celebran tristes despedidas. Ahora que ellas vuelan a su isla y las paredes de este piso vuelven a estar desnudas. Ahora que se acaba esta etapa
Ahora me acuerdo de su ojo derecho, el que decidía involuntariamente cerrar cuando el sol de primavera le daba en la cara. Ahora recuerdo lo verde y profundo de ese ojo izquierdo que me mantenía la mirada en la terraza de la universidad. Ahora me mata la dirección fija de su mirada, la letanía de sus palabras mezcladas con humo. Ahora recuerdo aquella sonrisa entreabierta y me parece una gran síntesis de lo que Barcelona me ha deparado este curso, algo tan cercano, tan familiar y tan abismal a la vez. Sé que es complicado explicarlo y que probablemente, nadie entenderá la profundidad de este detalle que ha girado de alguna forma el curso de mi vida, pero creo que el momento de ponerlo por escrito, para que la memoria no caiga en el olvido, es ahora.

sábado, 19 de junio de 2010


Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.
Saramago

miércoles, 27 de mayo de 2009

No me gusta este sitio, me dijo, está lleno de despedidas y frustraciones.

Nunca se me ha dado bien eso de despedirme. A veces me encontraba rota por dentro, y sin embargo, no podía más que quedarme pasmada, inmutada, con una media sonrisa, delante de la persona a la que tardaría en ver. Otras veces, en una despedida liviana, de esas de nos vemos en apenas un mes, no he sido capaz de encararlo sin que gotas de lluvia poblaran mis mejillas.

Y de tantos brindis se me ha ido partiendo el corazón en bastantes pedazos. Me he dado cuenta de que aquello que alguien dijo alguna vez es verdad. La vida es una despedida constante. La vida es como una estación de autobus, como Barcelona Nord, por ejemplo. Se cruzan llegadas llenas de abrazos, despedidas secas, llorosas. Se mezclan vagabundos sin lugar con personas que tienen el destino marcado en la piel.

Me gustaría vivir en el presente, sin imaginarme mi corazón repartido por Alemania, Francia, Sicilia, y por supuesto, Donosti y Bilbo. Pero estoy en una estación de autobus, y todos han tomado un destino. Ahora me toca a mi comprar mi billete.


Y lo único que se me ocurre es brindar por vosotros.
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