domingo, 2 de enero de 2011

LA LETRA (o la razón encandilada)



[Paul Delvaux. Le miroir, 1936]



¿Por qué? Yo no entiendo ni el qué ni el cómo pero el porqué me es obvio: escribo porque la vida me da razones para matarme y herramientas para redimirme, escribo por todo el material que no quiero otorgar al olvido: imágenes, verbos, situaciones, sintagmas, copas de vino. Escribo porque el deseo y la rabia transfiguran la sintaxis y el léxico, porque la palabra transfigura la ciudad y la ciudad merece ser leída por ojos de ojos, y juzgada por manos que sostuvieron manos que, a su vez, agarraban manos. Escribo porque imploro, lloro, quemo, me arrodillo, jodo, destruyo, necesito, respiro.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Hiere.

Hiere el alba que me lanza al trabajo

Y a los brazos indeseados

Hiere.

La primera calada del primer cigarro

Matutinalmente mortífero.

Hiere

La complicidad del desasosiego

En la deriva

En la zozobra.

Hieren los versos que nunca llegaré a escribir.

lunes, 20 de diciembre de 2010

tenían veinte años y estaban locos

Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, teneis que embrí­agaros sin tregua.
Pero ¿De que?. De vino, de poesí­a o de virtud, de lo que queraí­s. Pero embriagaos.
Baudelaire

Y las manos temblorosas y el patio de manzana quemando y las mangueras y las mesas de barbacoa y los niños rubios jugando al ping-pong. Y la cerveza tras la comida y las primeras narraciones y el arrancar palabras al silencio y y las parejas de padres-punk que nos ofrecían conversación en un alemán ininteligible y los intentos por derribar las barreras y las noches sin dormir y el calor estival y el amanecer a las 4 de la mañana y las semillas del mañana políglota

Y la locura que se roza en la levedad estival frente al hastío de la madrugada que sangra tinta en un invierno cercano…

martes, 7 de diciembre de 2010

Poesía urgente

El duro olvido
siempre está listo para
matar recuerdos
Mario Benedetti

Quiero que nunca sepas lo que necesito
quiero que nunca sepas que lo necesito
quiero dejar de simular,
empezar a disimular
apretarte los dedos hasta que tus tendones
pidan rendición

Quiero que la vigilia no duela
Quiero que la noche no me aplaste.
No quiero redención.
Quiero tus costillas

jueves, 2 de diciembre de 2010

AÑIL

Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

[Oscar Hahn-El metro-Intercambiador del metro en Diagonal ]

Trata de definirme lo que significa esta ciudad para tí, en un par de líneas o un poema, una canción o una cita. Así, escueta y clara, la mujer ausente me demandaba una empresa un tanto abrumadora. ¿Cómo resumir? ¿Por dónde empezar? Según Lévi-Strauss, la ciudad es una sinfonía, un poema. O quizás más preciosa aún, la ciudad se sitúa en la confluencia entre la naturaleza y el artificio. Es la unión de la procreación biológica y de la creación estética. Es a la vez objeto de naturaleza y sujeto de la cultura: es vivida e imaginada, es la cosa humana por excelencia.

Para mi esta casi ya casa es la frialdad del metro en Diagonal, las miradas furtivas, la fuerza del amanecer al reflejarse en los edificios del Eixample, la imprecisión de algunos barrios, las casas ajenas en las que la mesa de vidrio de la sala te muestra cómo los pájaros están emigrando hacia el sur, la inexactitud de las noches no planeadas, las camas ajenas, las camas desconocidas, el sueño constante.

lunes, 29 de noviembre de 2010

brevedad y levedad








CERT
CLAR
BREU



t'enyor

sábado, 27 de noviembre de 2010

Viaje hacia el viaje del viaje

surts de la dutxa
i et mires al mirall
penses ¿qui sóc?
i et recordes
d'aquesta mallorquina
que t'ho demanava en broma
però ara te n'adones
Qui ets?
De petita ta mare et deia
"de gran, seràs qui vulguis ser"
i ara de gran
ja no saps què vols ser
ni si pots triar encara
ta companya de pis es lleva
i feu el cafè
i xerrau
i ja te n'blides d'allò
però encara no sé qui sóc

sábado, 13 de noviembre de 2010

Susanna Anais

tú nadando sobre las terrazas color añil de la ciudad.
él buscando libros como quién se aferra a la última tabla en el naufragio.
ella tan perdida en el laberinto.
Ítaca o Roma.
en tu casa o en la mia
(si es que hi ha casa d'algú)


domingo, 12 de septiembre de 2010

TEDIO

El pueblo se llamaba X. Era un pueblo corriente, con sus pequeñas casitas, su iglesia y su pequeño ambulatorio. La generación X había cumplido 19 años por aquella época. Este pueblo corriente estaba habitado por gente corriente, de esa que aparece en el censo pero nunca escribe en el diario ni da su opinión en la televisión. Esas personas que nacen, viven, mueren, y todo esto en el mismo término municipal. Mi generación vivía gracias a los subsidios venidos de la bendita Europa, estudiaban en la capital de la provincia o trabajaba a tiempo parcial en cualquier obra. Noche tras noche se reunían en el mismo lugar para hablar de los mismos asuntos y jugar al futbolín. Todos eran morenos, altos algunos, bajitos otros. Todos hablaban aunque no dijeran nada. Ellas eran pequeñas Anas, vestidas a la moda de las tiendas de la capital de provincia, fumaban Lucky Strike y estaban enganchadas a las redes sociales. Ellos eran pequeños Joses, ataviados según los gustos de sus madres y con un vicio clave: el fútbol y sus derivados (léase peñas deportivas, el futbolín que acompaña a la Mahou y juegos electrónicos varios). A los 19 Ana II llevaba seis años de noviazgo con Jose I. Ana III había tenido un hijo. Ana I había salido con Jose III, después se había liado con Jose IV y ahora estaba enamorada de Jose II. Jose VIII había marchado a Madrid. Desde entonces ya no era el mismo, decían unos. Que era gay, decían los otros.
Ellos no hablaban idiomas extranjeros sino un dialecto del castellano. No profesaban religiones, sino que se movían por intereses mundanos. No anhelaban metas profesionales, sino una casita con piscina y unas vacaciones en alguna playa. Ay, la playa. Era su punto débil, su vía de escape para todo el año de rutina. 15 días en Matalascañas y la vida recobraba sentido.

No conocían la palabra “tedio”. Nunca la habían escuchado, sin embargo, la sentían en sus huesos casi a diario. El tedio se les acercaba y les susurraba algo por la noche, antes de ir a dormir o se les aparecía durante las sobremesas cuando nadie tenía nada más que contar. Ellos llamaban a eso aburrimiento, puro y duro, superficial y efímero. Pero no.

Un día Ana X se encontró la palabra maldita en un texto que analizaba para su curso. La buscó en el diccionario y, una vez leyó la definición se sintió tan identificada que el corazón se le heló por un momento. Era incapaz de creer que alguien pudiera definir con tal exactitud este sentimiento difuso y difundido que había sentido durante tanto tiempo.

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