martes, 7 de diciembre de 2010

Poesía urgente

El duro olvido
siempre está listo para
matar recuerdos
Mario Benedetti

Quiero que nunca sepas lo que necesito
quiero que nunca sepas que lo necesito
quiero dejar de simular,
empezar a disimular
apretarte los dedos hasta que tus tendones
pidan rendición

Quiero que la vigilia no duela
Quiero que la noche no me aplaste.
No quiero redención.
Quiero tus costillas

jueves, 2 de diciembre de 2010

AÑIL

Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

[Oscar Hahn-El metro-Intercambiador del metro en Diagonal ]

Trata de definirme lo que significa esta ciudad para tí, en un par de líneas o un poema, una canción o una cita. Así, escueta y clara, la mujer ausente me demandaba una empresa un tanto abrumadora. ¿Cómo resumir? ¿Por dónde empezar? Según Lévi-Strauss, la ciudad es una sinfonía, un poema. O quizás más preciosa aún, la ciudad se sitúa en la confluencia entre la naturaleza y el artificio. Es la unión de la procreación biológica y de la creación estética. Es a la vez objeto de naturaleza y sujeto de la cultura: es vivida e imaginada, es la cosa humana por excelencia.

Para mi esta casi ya casa es la frialdad del metro en Diagonal, las miradas furtivas, la fuerza del amanecer al reflejarse en los edificios del Eixample, la imprecisión de algunos barrios, las casas ajenas en las que la mesa de vidrio de la sala te muestra cómo los pájaros están emigrando hacia el sur, la inexactitud de las noches no planeadas, las camas ajenas, las camas desconocidas, el sueño constante.

lunes, 29 de noviembre de 2010

brevedad y levedad








CERT
CLAR
BREU



t'enyor

sábado, 27 de noviembre de 2010

Viaje hacia el viaje del viaje

surts de la dutxa
i et mires al mirall
penses ¿qui sóc?
i et recordes
d'aquesta mallorquina
que t'ho demanava en broma
però ara te n'adones
Qui ets?
De petita ta mare et deia
"de gran, seràs qui vulguis ser"
i ara de gran
ja no saps què vols ser
ni si pots triar encara
ta companya de pis es lleva
i feu el cafè
i xerrau
i ja te n'blides d'allò
però encara no sé qui sóc

sábado, 13 de noviembre de 2010

Susanna Anais

tú nadando sobre las terrazas color añil de la ciudad.
él buscando libros como quién se aferra a la última tabla en el naufragio.
ella tan perdida en el laberinto.
Ítaca o Roma.
en tu casa o en la mia
(si es que hi ha casa d'algú)


domingo, 12 de septiembre de 2010

TEDIO

El pueblo se llamaba X. Era un pueblo corriente, con sus pequeñas casitas, su iglesia y su pequeño ambulatorio. La generación X había cumplido 19 años por aquella época. Este pueblo corriente estaba habitado por gente corriente, de esa que aparece en el censo pero nunca escribe en el diario ni da su opinión en la televisión. Esas personas que nacen, viven, mueren, y todo esto en el mismo término municipal. Mi generación vivía gracias a los subsidios venidos de la bendita Europa, estudiaban en la capital de la provincia o trabajaba a tiempo parcial en cualquier obra. Noche tras noche se reunían en el mismo lugar para hablar de los mismos asuntos y jugar al futbolín. Todos eran morenos, altos algunos, bajitos otros. Todos hablaban aunque no dijeran nada. Ellas eran pequeñas Anas, vestidas a la moda de las tiendas de la capital de provincia, fumaban Lucky Strike y estaban enganchadas a las redes sociales. Ellos eran pequeños Joses, ataviados según los gustos de sus madres y con un vicio clave: el fútbol y sus derivados (léase peñas deportivas, el futbolín que acompaña a la Mahou y juegos electrónicos varios). A los 19 Ana II llevaba seis años de noviazgo con Jose I. Ana III había tenido un hijo. Ana I había salido con Jose III, después se había liado con Jose IV y ahora estaba enamorada de Jose II. Jose VIII había marchado a Madrid. Desde entonces ya no era el mismo, decían unos. Que era gay, decían los otros.
Ellos no hablaban idiomas extranjeros sino un dialecto del castellano. No profesaban religiones, sino que se movían por intereses mundanos. No anhelaban metas profesionales, sino una casita con piscina y unas vacaciones en alguna playa. Ay, la playa. Era su punto débil, su vía de escape para todo el año de rutina. 15 días en Matalascañas y la vida recobraba sentido.

No conocían la palabra “tedio”. Nunca la habían escuchado, sin embargo, la sentían en sus huesos casi a diario. El tedio se les acercaba y les susurraba algo por la noche, antes de ir a dormir o se les aparecía durante las sobremesas cuando nadie tenía nada más que contar. Ellos llamaban a eso aburrimiento, puro y duro, superficial y efímero. Pero no.

Un día Ana X se encontró la palabra maldita en un texto que analizaba para su curso. La buscó en el diccionario y, una vez leyó la definición se sintió tan identificada que el corazón se le heló por un momento. Era incapaz de creer que alguien pudiera definir con tal exactitud este sentimiento difuso y difundido que había sentido durante tanto tiempo.

viernes, 27 de agosto de 2010

Arte poética, Borges

Mirar el río hecho de tiempo y agua
Y recordar que el tiempo es otro río,
Saber que nos perdemos como el río
Y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
Que sueña no soñar y que la muerte
Que teme nuestra carne es esa muerte
De cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
De los días del hombre y de sus años,
Convertir el ultraje de los años
En una música, un rumor y un símbolo,
Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
Un triste oro, tal es la poesía
Que es inmortal y pobre. La poesía
Vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
Nos mira desde el fondo de un espejo;
El arte debe ser como ese espejo
Que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
Lloró de amor al divisar su Itaca
Verde y humilde. El arte es esa Itaca
De verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable.


miércoles, 18 de agosto de 2010

Barcelona-Berlin-Donosti

Ni la distancia hace el olvido ni los años cierran todas las heridas; existen tantas mentiras en nuestro querido sentido común como gotas en el mar o personas en el metro. La vida se sucede y los hogares se multiplican; las verdades se mantienen erguidas en sus tronos intocables y yo confío, como siempre, en las infinitas posibilidades del ser, en la belleza de lo posible. Los años pasan y dicen que crecemos, cambiamos, sin embargo, sigo sin creer en la relación causa-efecto o en la progresión líneal (y ascendente) de mi personalidad. Por tanto, no tengo más que decir que gracias a todos lo que cantaron bajo la lluvia conmigo, vinieron a recogerme a tantas estaciones de autobus perdidas o no dudaron en invitarme al café milagroso cuando el gris se dibujaba en mis pupilas. Gracias, muchas gracias a todos los que no os quedasteis inmóviles al borde del camino.

Vueltas del S-Bahn

Alemán. 21 años. Vivia en el sentido más fuerte de la palabra; reía con ganas, dormía con sueño y no dejaba de soñar, pintar y tocar música; todo le resultaba nuevo, interesante. No existian los horarios ni las visitas de cortesía, ni existian los bienes materiales para él. Compartió ciertos metros cuadrados y mil historias conmigo.

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Estudiante de alemán I, 28 años. Buscaba algo en esta ciudad; aún no sé si una respuesta o una vía de escape. Se preguntaba muchas veces al día si, tras tantos años, tras tanta formación y tanta introspección se era fiel a sí mismo, si no estaba renunciando demasiado a su parte dionisiaca; conocía todas las verdades que la filosofia nos ha venido otorgando, y como tantos, se sentia incapaz de ponerlas en practica.

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Estudiante de alemán II, 29 años. Tras mil vueltas y un par de salidas forzosas, esperaba de esta ciudad un salvoconducto hacia la vida que se había propuesto construir. Me agarraba de la mano, tomabamos el U-Bahn hacia cualquier lugar y sonreía mientras él rastreaba la ciudad pidiendo datos, anotando canciones y fotografiando cualquier elemento postmoderno.

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Estudiante de alemán III, 19 años. La cerveza, la música electrónica y la buena compañía la hicieron enamorarse perdidamente de la ciudad y sus habitantes

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